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PRÓLOGO
Francisco Alarcón me entregó varios poemas. Con Francisco me he cruzado algunas palabras. Pasó por casa en compañía de Américo Martín, su primo con quien me une una grata y fructífera amistad.
Leí un total de doce poemas. En ellos el poeta manifiesta su angustia por la muerte. Angustia y a la vez ansiedad de muerte.
Escribe Alarcón en su poema “OH muerte”: “te quiero casi como a una mujer y más adelante”: “hazte del alba si es necesario cuando llegue el día”. Trata a la muerte como un ser que tenemos que amar.
En su poema, uno de los más acertados “Glorias gloriosas”: “no encuentro la cima de mi arrepentimiento ni la verdad de lo que siento”
En un hermoso poema Oda al Diablo (el Diablo aparece en varios poemas de Alarcón)
Dice el poeta:
“Que lastima que conozcamos un solo Dios” y más adelante: ¡Y creo en Dios!
¡Mefistófeles por Dios no te vayas, aquí también tienes tu rebaño de afligidos!
Y el poeta vuelve con la muerte:
En el poema muriendo: “La única muerte ingeniosa es la que no se presiente”
En los Siervos del Diablo:
“Cómo siente el estúpido su propio miedo como si fuera el extraño”
Y en el último poema de los doce que el poeta me envío:
(O que me entregó personalmente):
Titulado: “Dios”
¡No soy un prófugo del universo!
¿Soy el Dios que todos queremos y llevamos por dentro, acaso el propio Dios?
Poesía sencilla y honda (si no es así no es poesía) recordemos a Vallejo en los poemas humanos o al mismo Quevedo. Y poesía muy cercana a la reflexión, fue para mí una hermosa, gratísima y poética lectura
Francisco Massiani
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